Julia Margaret Cameron (1815–1879) fue una fotógrafa inglesa pionera del retrato artístico en la era victoriana. Es célebre por sus imágenes de corte romántico, donde pudo transformar la fotografía en arte mediante composiciones inspiradas en la poesía, la belleza clásica y la literatura renacentista.

Gracias a su audacia técnica, impulsó más adelante corrientes como el pictorialismo, influyendo en generaciones de fotógrafos y consolidándose como una referencia para las mujeres fotógrafas en la historia. Por esta razón su legado perdura hoy en museos y exposiciones internacionales.

Mis aspiraciones son ennoblecer la fotografía y asegurarle el carácter y los usos del Arte Mayor, combinando lo real y lo ideal, y sin sacrificar nada de la verdad a través de una devoción completa por la poesía y la belleza.

Datos básicos

Julia Margaret Cameron fue una fotógrafa victoriana célebre por sus retratos pioneros de estilo pictorialista. 

En 1864 ya era miembro de sociedades fotográficas de Londres y Escocia; ese mismo año expuso en la galería Colnaghi de Londres. A lo largo de una década produjo alrededor de 1200 imágenes, que incluyen retratos en gran formato (12×15 cm negativos) revelando la “grandeza interior” de sus modelos.

Entre sus álbumes más conocidos está Mrs. Cameron’s Photographs from the Life (Norman Album), dedicado en 1869 a quienes le regalaron su primera cámara, y las ediciones ilustradas de Idylls of the King de Tennyson (1875). 

Su actividad fotográfica decreció a partir de 1873, cuando falleció su hija Julia, y la fotógrafa se trasladó a Ceilán en 1875 (hoy Sri Lanka) buscando un clima más cálido. Allí murió en 1879, dejando todos sus efectos fotográficos registrados en las oficinas del gobierno británico.  

En la actualidad, su antigua casa-estudio en la isla de Wight (Dimbola) funciona como el Museo Dimbola, propiedad de la Julia Margaret Cameron Trust. Esta fundación se dedica a promover su obra y acoge exposiciones, archivos y actividades educativas sobre la artista. 

Numerosas exposiciones retrospectivas en museos de todo el mundo (Metropolitan, V&A, Getty, etc.) han valorizado sus fotografías en las últimas décadas, subrayando su visión innovadora.

Biografía de Julia Margaret Cameron 

 

Infancia y juventud dentro de la Dinastía Pattle 

 

Julia Margaret Pattle nació el 11 de junio de 1815 en Garden Reach (Calcuta), en el seno de una familia acomodada: hija de James Pattle, un oficial escocés de la Compañía Británica de las Indias Orientales; y Adeline de l’Etang, hija de aristócratas franceses exiliados.

Creció entre la India y Europa, educada en París e Inglaterra (1818–1834). Ella era la cuarta de las siete hermanas Pattle.

La familia Pattle se caracterizó por el pragmatismo administrativo escocés y la sensibilidad aristocrática francesa, fermentada en el clima social y cultural de la India colonial. Esto dio lugar a un fenómeno social conocido como “Pattledom“.   

Las hermanas Pattle y el “Pattledom”

 

No eran mujeres victorianas convencionales. Educadas entre la India, Francia e Inglaterra (Julia vivió con su abuela en Versalles entre 1818 y 1834), desarrollaron una cosmopolita indiferencia hacia las rígidas normas de la etiqueta británica. 

Eran célebres por su belleza, su ingenio afilado y su tendencia a la excentricidad. El “Pattledom” se caracterizaba por una fuerte cohesión sororal y una presencia pública dominante. 

Las hermanas solían conversar entre ellas en indostaní cuando estaban en sociedad en Londres, vestían saris o ropas fluidas de inspiración india en lugar de las restrictivas crinolinas de moda, y servían curry en sus cenas, desafiando el paladar y las costumbres de la metrópoli.   

 

Hermana Rol e influencia Conexión con Julia Margaret Cameron
Sara Prinsep Anfitriona del salón de Little Holland House. Facilitó el acceso de Julia al círculo de G.F. Watts, Tennyson y los prerrafaelitas.
Maria (“Mia”) Jackson Abuela de Virginia Woolf y Vanessa Bell. Nexo genealógico con el modernismo y el Grupo de Bloomsbury.
Virginia (Lady Somers) Considerada la más bella; modelo artística. Musa frecuente de G.F. Watts y sujeto de la adoración estética de Julia.
Sophia Dalrymple Musa y figura social. Reforzó los lazos con la comunidad artística a través de su propia influencia.

 

La red social tejida por las hermanas Pattle, especialmente a través del salón de Sara Prinsep en Little Holland House, fue el caldo de cultivo donde Julia refinó su sensibilidad artística antes de tocar una cámara. 

Allí conoció a pintores como George Frederic Watts, quien se convertiría en su mentor, y a escritores que más tarde serían sus “víctimas” fotográficas.   

Charles Hay Cameron y su papel clave en la vida de Julia 

 

En 1836, mientras se recuperaba de una enfermedad en el Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), Julia conoció a dos hombres que marcarían su destino: el astrónomo Sir John Herschel (1792-1871) y el jurista británico Charles Hay Cameron (1795–1880).   

En 1838, Julia contrajo matrimonio en Calcuta con Charles, quien era veinte años mayor que ella y un exitoso propietario de plantaciones en Ceilán. 

Era, además, un reformador liberal, discípulo de Jeremy Bentham y miembro de la Comisión Colebrooke-Cameron, encargada de reformar la administración legal y educativa de Ceilán. Charles poseía una mente brillante y una inclinación hacia la filosofía clásica y el utilitarismo.

La figura de Charles, con una larga barba blanca y cabellera canosa, evocaba la de un patriarca bíblico o un filósofo de la antigüedad, convirtiéndose en el modelo masculino ideal para las alegorías fotográficas de Julia más adelante (como el Rey Lear o Merlín). 

La inversión de la familia en plantaciones de café en Ceilán proporcionó inicialmente la riqueza que permitió el estilo de vida de la pareja, aunque las fluctuaciones de este mercado dictarían más tarde sus movimientos geográficos y sus crisis financieras.   

En la isla de Wight

 

La pareja tuvo seis hijos (más algunos adoptados) y llevaron una vida acomodada. En 1848 se trasladaron a Inglaterra, y en 1860 se establecieron en la isla de Wight, con el renombrado poeta Alfred Lord Tennyson como vecino. 

En este entorno, Julia ejerció como una anfitriona formidable. Su generosidad era a veces hasta abrumadora; se cree que regalaba joyas y marfil a sus visitantes con una insistencia que desarmaba. 

Pero más allá de la hospitalidad, ella estaba buscando un canal para su inmensa energía creativa, que la escritura y la traducción (había traducido Leonora de Bürger en 1847) no lograban satisfacer plenamente.

El comienzo de la carrera fotográfica de Julia empezó (casi) a sus cincuenta años.

 

En diciembre de 1863, con Cameron de 48 años, su hija Julia y yerno Charles Norman le regalaron una cámara fotográfica como pasatiempo para aliviar la soledad. Este momento marcó el inicio de su carrera en la fotografía.

Ella enfrentaba el síndrome del nido vacío y una profunda soledad, con su esposo lejos por el trabajo y con sus hijos alrededor del mundo construyendo sus propias vidas. 

La cámara fotográfica que le regalaron era un dispositivo de caja deslizante de madera con una lente Jamin y proporcionó a Julia un entretenimiento que, pronto, se convirtió en una obsesión artística. 

Para entonces la fotografía era una actividad exclusiva de la alta sociedad victoriana, y ella la abrazó con entusiasmo, aprendiendo de colegas como Oscar Rejlander y Lewis Carroll. 

Rápidamente perfeccionó su técnica de grandes negativos de vidrio, exposiciones largas y lentes de foco suave, creando retratos nítidos del interior más que del exterior.

En su autobiografía inacabada, la fotógrafa afirmó: 

 

Desde el primer momento manejé mi lente con un tierno ardor, y se ha convertido para mí en algo vivo, con voz, memoria y vigor creativo.

Glass House y sus primeros experimentos fotográficos

 

Al principio de su carrera, la fotógrafa no construyó un estudio profesional separado: canibalizó su hogar. 

Convirtió una carbonera (coal-house) en su cuarto oscuro y un gallinero acristalado (glazed fowl-house) en su estudio, al que llamó “Glass House”.   

El espacio destinado al almacenamiento de combustible sucio se convirtió en el lugar de la alquimia química, y el espacio destinado a la cría de animales se convirtió en el templo de la luz. Tiempo después ella declaró, con humor: 

 

Las gallinas fueron liberadas, espero y creo que no comidas. Y el beneficio de mis hijos sobre los huevos frescos se detuvo. 

 

En lugar de productos agrícolas, la granja comenzó a producir “inmortalidad” a través de los retratos de poetas, profetas y doncellas.

Maduración artística 

 

Entre 1864 y 1874 dedicó una década de intensa actividad fotográfica: montó su estudio en Dimbola (convertido en museo hoy), organizó sesiones teatrales en su hogar y creó álbumes temáticos para sus mecenas. 

Registró formalmente cientos de imágenes en los registros de Bellas Artes británicos. Obtuvo varios premios en exposiciones europeas y retrató a personajes famosos, desde el poeta Tennyson hasta el científico Charles Darwin. 

 

Series y álbumes de Julia Margaret Cameron

 

Julia Margaret Cameron organizó sus fotografías en series y álbumes destinados a mecenas y exposiciones. 

En 1865 regaló al político Lord Overstone un «Overstone Album» con 112 de sus mejores imágenes, y en 1869 completó el Norman Album (o Mrs. Cameron’s Photographs from the Life) con 74 retratos —de Tennyson, Darwin, Benjamin Jowett, la sobrina Julia Jackson, la familia Cameron/Norman, así como escenas históricas bíblicas como “La reina Ester”.

En otros proyectos, ilustró la obra de Tennyson Idylls of the King con fotografías teatralizadas (publicadas en 1875) y creó estudios religiosos: series de «cinco vírgenes sabias y cinco necias», o alegorías como “Beatrice Cenci” con su amiga May Prinsep.

Entre sus encargos especiales destacó el retrato de Charles Darwin en 1868. También realizó fotografías de su círculo íntimo: muchos retratos de familia, sirvientes, poetas cercanos y sir John Herschel pasaron al álbum familiar. 

Estilo y características 

 

La fotógrafa victoriana desarrolló un estilo único en el retrato fotográfico del siglo XIX. Persiguió una fotografía idealizada y espiritual, buscando “ennoblecer” el medio mediante la poesía visual.

Su obra se agrupa en conjuntos o series dedicadas a temas literarios, religiosos y familiares, que reflejan su devoción por la cultura victoriana y su fe religiosa. Su intuición para componer montajes (tableaux vivants) y su habilidad para guiar a los modelos en papeles clásicos son evidentes en sus proyectos fotográficos más ambiciosos.

Mientras la fotografía del siglo XIX se debatía entre su utilidad como herramienta de registro científico y su aspiración a ser reconocida como una de las Bellas Artes, la fotógrafa resolvió el dilema mediante la imposición radical de su subjetividad. 

Su obra es caracterizada por el uso deliberado del desenfoque, la manipulación química del negativo y una puesta en escena teatral, constituye una rebelión contra la nitidez clínica que dominaba la práctica comercial de la época.

Inspirada por la pintura prerrafaelita y la literatura clásica, privilegió primerísimos planos de rostros y la expresión interior de los personajes. Sus encuadres cerrados, con fondos oscuros, realzaban la figura central en efectos casi dramáticos de claroscuro.

A diferencia de los fotógrafos de su época, que buscaban nitidez, ella abrazó imperfecciones —huellas, veladuras, reflejos— logrando atmósferas oníricas y etéreas. Fue una estrategia estética consciente destinada a capturar el “aliento de la vida” y la “grandeza interior” de sus sujetos.

En sus retratos religiosos, las manchas y remolinos del negativo se fusionan con la simbología del tema, anticipando estéticas pictorialistas. Solía usar largos tiempos de exposición (3–7 minutos) y fuertes contrastes de luz, consiguiendo así su emblemático desenfoque suave. 

Asimismo, jamás retocó sus negativos. También trabajaba en placas de colodión húmedo, repitiendo copias hasta estar satisfecha. Su arte —que combinaba realismo con visión poética— fue inicialmente criticado en la época. 

El desenfoque (soft focus) y las imperfecciones como sello de identidad

 

En aquellos tiempos, los fotógrafos se obsesionaban con la perfección técnica: nitidez absoluta, ausencia de manchas y una escala tonal perfecta, pero ella violaba sistemáticamente estas normas. Sus negativos y copias están llenos de lo que ella consideraba marcas de autoría o accidentes felices. 

  • Soft focus: este desenfoque no era solo óptico, sino también causado por el movimiento del sujeto durante las largas exposiciones, lo que confería a las figuras una cualidad vibrante, como si respiraran.
  • Manchas y remolinos: El vertido irregular del colodión creaba patrones de densidad variable. En obras como Iolande and Floss, los remolinos químicos se funden con los pliegues de la ropa, integrando el proceso material en la narrativa visual.
  • Grietas y arañazos: A veces, el barniz o la emulsión se agrietaban (el efecto “honeycomb”). Ella a menudo imprimía negativos rotos o dañados si la expresión del sujeto era poderosa. 
  • Huellas dactilares: Sus propias huellas a menudo aparecen en los bordes de las imágenes, un testimonio indexical de su labor física.

Cameron era una fotógrafa meticulosa.

 

La iluminación era crucial: utilizaba luz lateral dramática, “focos” naturales (ventanas amplias) y a veces velos difusores, creando brillos suaves en la piel. En su propia carta a Sir John Herschel ella resumía su principio artístico: 

 

Combinar lo real con lo ideal, sin sacrificar la verdad, mediante la poesía y la belleza.

 

Esta filosofía informó cada retrato suyo: buscaba capturar el carácter invisible de su modelo, “la grandeza interior”. 

Como resultado, los sujetos masculinos aparecen con una pose enigmática (cabezas cercanas al marco) y las mujeres con ornamentos renacentistas (coronas, alas, telas) que refuerzan la idea de belleza arquetípica.

 

 

La alquimia del colodión húmedo

 

No se puede entender la magnitud del logro y legado de la artista sin apreciar primero la materialidad de su medio. 

 

En la década de 1860, la fotografía no era un proceso de “apuntar y disparar”. 

 

Utilizó el proceso del colodión húmedo, introducido por Frederick Scott Archer en 1851, que combinaba la reproducibilidad del calotipo (negativo-positivo) con la nitidez del daguerrotipo, pero a un coste físico y técnico enorme.   

 

Anatomía de un proceso laborioso

 

El colodión húmedo requería que todo el proceso fotográfico —preparación, exposición y revelado— se realizara mientras la placa de vidrio estaba húmeda. Si la emulsión se secaba, perdía su sensibilidad y se volvía impermeable a los químicos de revelado. Esto imponía un ritmo frenético y exigente:

  • Limpieza: La placa de vidrio (de gran formato, aproximadamente 30×38 cm) debía ser pulida meticulosamente. Cualquier rastro de polvo o grasa arruinaría la imagen.
  • Vertido: La fotógrafa vertía el colodión (una solución viscosa de nitrocelulosa en éter y alcohol) sobre el centro de la placa y la inclinaba para cubrir la superficie uniformemente. Este paso requería gran destreza manual; un movimiento en falso creaba estrías o espesores desiguales.
  • Sensibilización: La placa se sumergía en un baño de nitrato de plata en total oscuridad, creando yoduro de plata sensible a la luz.
  • Exposición: La placa húmeda se cargaba en un chasis, se llevaba a la cámara y se exponía. Así utilizaba lentes con una distancia focal larga y aperturas que requerían mucha luz. Sus tiempos de exposición oscilaban entre 3 y 7 minutos, una eternidad comparada con los segundos que lograban los estudios comerciales con lentes más luminosas y formatos más pequeños.
  • Revelado: Inmediatamente tras la exposición, se vertía el revelador (sulfato de hierro) sobre la placa.
  • Fijado y lavado: Se fijaba la imagen (con cianuro de potasio o hiposulfito de sodio) y se lavaba abundantemente. Finalmente, se barnizaba para proteger la emulsión. 

Entendiendo los retratos de Julia Margaret Cameron

 

Cameron tenía una visión claramente estratificada de sus sujetos.  A la hora de retratar hombres, su objetivo era registrar “la grandeza del hombre interior así como los rasgos del exterior”, una ambición que alineaba su trabajo con la pintura de historia y el retrato heroico. A continuación, sus retratos más célebres. 

 

Alfred Lord Tennyson

Tennyson no era solo un vecino; era el ídolo literario de la era y el centro del círculo de Freshwater. Ella lo fotografió en múltiples ocasiones, creando la iconografía definitiva del poeta. 

El retrato conocido como The Dirty Monk (El Monje Sucio, 1865) es quizás el más célebre. Tennyson aparece de perfil, envuelto en una capa oscura, con una expresión de melancolía trágica. 

También eliminó cualquier referencia al entorno doméstico o a la moda contemporánea, convirtiendo a Tennyson en una figura atemporal, un profeta o un bardo medieval.   

 

Sir John Herschel

La reverencia de Cameron hacia Herschel era absoluta: lo llamaba su “Maestro y Sumo Sacerdote”. En 1867, produjo una serie de retratos de él que son hitos del género. 

Herschel fue llevado a su estudio y ella insistió en lavar y alborotar su cabello blanco para que captara la luz de manera dramática, creando un halo que lo sacralizaba. La cámara invade el espacio personal del sujeto, enfocándose en los ojos acuosos y la textura de la piel, mientras el resto se disuelve en la oscuridad. Herschel mira directamente a la lente, confrontando la mortalidad y la posteridad. 

 

Charles Darwin

En 1868, durante una estancia de Darwin en la Isla de Wight, la fotógrafa victoriana logró fotografiar al naturalista. 

A diferencia de las caricaturas de la prensa que lo dibujaban con cuerpo de simio, la fotógrafa lo retrató como un sabio venerable, con una larga barba y una frente poderosa que sugería una capacidad intelectual inmensa. 

Darwin pagó a Cameron por las impresiones y escribió: 

 

Me gusta esta fotografía mucho más que cualquier otra que me hayan tomado.

 

Esta imagen ayudó a consolidar la imagen pública de Darwin como un patriarca de la ciencia, contrarrestando la controversia de sus teorías.   

 

 

Madonnas, musas y alegorías

 

Mientras que los hombres eran retratados por su genio intelectual, las mujeres en su obra encarnaban ideales de belleza, virtud, maternidad y, a veces, tragedia. Utilizaba a las mujeres de su círculo —familiares, amigas y sirvientas— como actrices en sus tableaux vivants.   

 

Mary Hillier 

Mary Hillier, la criada de la artista, fue su modelo más constante. Su belleza clásica y serena la hacía perfecta para los roles religiosos. Hillier posó innumerables veces como la Virgen María, a menudo sosteniendo a los nietos de Cameron o a niños locales. La comunidad local llegó a apodarla “Mary Madonna”.   

En obras como The Kiss of Peace (1869), logró una atmósfera de intimidad espiritual. La imagen muestra a Hillier besando suavemente la frente de una joven, con una iluminación suave y difusa que elimina las imperfecciones de la piel y sugiere una realidad trascendente.

 

Julia Jackson

Julia Jackson, sobrina de la fotógrafa y madre de Virginia Woolf, representa una excepción estilística. 

 

En sus retratos, como el famoso perfil de 1867, Cameron a menudo prescindía de los disfraces alegóricos. Jackson aparece con una belleza severa, arquitectónica, y una mirada directa que desafía al espectador. La iluminación es dramática, esculpiendo sus facciones. 

Estas imágenes son sorprendentemente modernas; no buscan contar una historia bíblica o literaria, sino explorar la psicología y la presencia física de la mujer. Virginia Woolf, años más tarde, vería en estos retratos la herencia de una fuerza femenina que ella misma canalizaría en su escritura.

 

Alegorías literarias y mitológicas

 

  • The Mountain Nymph, Sweet Liberty (1866): Basada en el poema L’Allegro de Milton, esta foto muestra a la modelo Miss Keene mirando fijamente a la cámara con el cabello suelto y una expresión salvaje y vital.
  • Pomona (1872): Retrato de Alice Liddell (la inspiración para Alicia en el País de las Maravillas) como la diosa romana de los frutos. Aquí, la joven Alice posa con la mano en la cadera, segura de sí misma, en una composición que mezcla la mitología con una actitud moderna.

Libros 

 

Illustrations by Julia Margaret Cameron of Alfred Tennyson’s Idylls of the King and other poems (1875)

 

Doce fotografías escenificando episodios del famoso poema de Tennyson. Aunque artísticamente ambicioso, el proyecto no fue un éxito comercial. Los críticos señalaron la incomodidad de ver figuras reales disfrazadas en las fotos asociadas con la verdad literal, creando un efecto de “realidad disfrazada” que rompía la ilusión mítica para algunos. 

Hoy se considera uno de los primeros y más importantes intentos de fotolibro de autor y una obra maestra del narrativismo victoriano.   

 

Annals of My Glass House (1889)

 

Autobiografía inacabada, escrita por la artista en 1874 y publicada póstumamente. Contiene memorias, anécdotas y reflexiones sobre sus modelos y métodos.

Ambos libros fueron editados tras la muerte de Cameron y cuentan con prólogos de escritores posteriores (Virginia Woolf escribió sobre la artista en ediciones del siglo XX).

La última etapa de la vida de Julia Margaret Cameron 

 

En 1875, la situación financiera de los Cameron era precaria y la salud de Charles declinaba. 

Decidieron regresar a sus propiedades en Ceilán, donde vivían cuatro de sus hijos. La partida fue definitiva y teñida de la excentricidad habitual de Julia: se llevaron consigo una vaca (para tener leche fresca), el equipo fotográfico completo y dos ataúdes llenos de porcelana y vidrio, previendo su muerte en la isla.  

Allá, el calor y la humedad afectaban la química del colodión; el agua fresca para lavar las copias era escasa; y no había mercado ni público para su arte. Pese a todas estas dificultades, Cameron siguió fotografiando. 

Sus sujetos ya no eran los intelectuales victorianos, sino los trabajadores de las plantaciones y los locales cingaleses y tamiles. Esas fotografías muestran un cambio sutil pero significativo. 

Aunque a veces imponía poses europeas o títulos bíblicos a estos sujetos, sus retratos de Ceilán poseen una dignidad y una intimidad que los distingue de las fotografías antropológicas de “tipos raciales” comunes en la época colonial.   

Legado 

 

La obra de Julia Margaret Cameron cayó en el olvido tras su muerte, considerada entonces por muchos como técnicamente deficiente. Sólo fue rescatada y revalorizada en dos momentos clave tiempo después: gracias a Virginia Woolf y el Grupo de Bloomsbury; y a Alfred Stieglitz y su revista Camera Work.

En 1926, Woolf y Roger Fry publicaron Victorian Photographs of Famous Men and Fair Women, un libro que introdujo a Cameron a una nueva generación. Woolf también escribió Freshwater (1935), una obra de teatro satírica que se burla afectuosamente de la intensidad artística y las excentricidades de su tía abuela y el círculo de George Frederic Watts y Alfred Lord Tennyson.

Así, con el tiempo, la fotógrafa fue reconocida por abrir el camino hacia al fotoperiodismo poético y por ser una precursora del pictorialismo, movimiento que en las primeras décadas del siglo XX reivindicó la fotografía como arte gracias, en parte, a su ejemplo.

En 2019 fue introducida al International Photography Hall of Fame

Actualmente es reivindicada como una de las fotógrafas más destacadas del siglo XIX, ya que demostró un inmenso talento y que, además, una mujer podía liderar movimientos artísticos en su época. Su legado permanece en álbumes históricos, estudios académicos y exposiciones que celebran su visión única del retrato.

La capacidad de disfrutar es un don que proviene de prestar atención.

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Preguntas frecuentes

¿Qué técnica fotográfica utilizaba Julia Margaret Cameron?

Cameron utilizaba el proceso de colodión húmedo sobre placas de vidrio. Era una técnica laboriosa y físicamente exigente que requería preparar, exponer y revelar la placa mientras los químicos aún estaban húmedos. Las impresiones finales se hacían generalmente en papel a la albúmina.

¿Qué relación tenía Julia Margaret Cameron con Virginia Woolf?

Julia Margaret Cameron era la tía abuela de la escritora modernista Virginia Woolf. La madre de Woolf, Julia Jackson, fue una de las modelos favoritas de Cameron. Woolf ayudó a preservar el legado de su tía abuela publicando una colección de sus fotografías en 1926 y escribiendo una obra de teatro satírica sobre ella titulada Freshwater.

¿Qué es el "Pattledom"?

“Pattledom” era el término utilizado para describir el círculo social exclusivo y poco convencional formado por Julia y sus seis hermanas (las hermanas Pattle). Eran conocidas en la sociedad anglo-india y británica por su belleza, su ingenio, su desprecio por las modas victorianas rígidas y su tendencia a imponer su voluntad sobre los demás.

¿Cómo es considerada hoy en día su obra?

Aunque fue criticada en su tiempo por sus “errores” técnicos, hoy Julia Margaret Cameron es reconocida como una de las figuras más importantes e innovadoras de la historia de la fotografía. Se la considera una precursora del pictorialismo y una artista visionaria que demostró que la fotografía podía ser un medio de expresión artística y psicológica profunda, no solo un documento de la realidad.

Fuentes

Hablando de conocer la vida de los fotógrafos que han hecho historia…

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