Stephen Shore es un referente de la fotografía a color, considerado universalmente uno de los padres del género junto a William Eggleston y Joel Meyerowitz.
Discípulo de Andy Warhol y fiel seguidor de Walker Evans, Shore desafió la norma fotográfica de la época con imágenes que, en lugar de capturar instantes excepcionales a lo Cartier-Bresson, retrataban la banalidad cotidiana de Estados Unidos, mostrándonos un retrato a la vez distante y cercano de la idiosincrasia de su país.
Un estilo que mostraría en sus obras clave American Surfaces y Uncommon Places, las cuales son imprescindibles para comprender la evolución de la fotografía contemporánea posmoderna, influyendo sobre artistas como Nan Godin, Martin Parr y Andreas Gursky.
”Una fotografía siempre tiene límites que el mundo real no tiene.
Biografía de Stephen Shore
Desde muy peque, interesado por las artes (1947-1957)
Stephen Shore, nacido el 8 de octubre de 1947, tendría su primer contacto con la fotografía a la tierna edad de seis años, cuando un tío decidió regalarle un kit de cuarto oscuro de Kodak Brownie.
La infancia de Shore fue bastante privilegiada, ya que fue hijo único de una familia judía con un exitoso negocio de bolsos de mano. Cada año viajaban por Europa y asistían a eventos artísticos o culturales con frecuencia.
Dos años después su familia le regala una cámara telemétrica de 35mm y empieza a experimentar con instantáneas de su entorno más cercano.
Finalmente, cumplidos los diez años, recibe de un vecino un regalo: nada menos que el influyente libro de Walker Evans, American Photographs (1935).
Mentores: Edward Steichen y Andy Warhol (1962-1968)
En su adolescencia Stephen Shore ya era todo un aficionado experimentando con la fotografía y en un momento de osadía, a sus catorce años, decidió contactar con el entonces curador del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Edward Steichen.
Steichen, muy amablemente, compró tres fotografías del joven, y facilitó el contacto con su sucesor como curador del departamento de fotografía del MoMA: John Szarkowski. El mismo historiador responsable del estatus de los artistas nacientes de la fotografía posmoderna de la talla de Diane Arbus y Lee Friedlander.
Era 1962 y, mientras tanto, Shore cursaba estudios en el Columbia Grammar, más interesado ya en el cine que en la fotografía fija.
Todo cambiaría en 1965 cuando un cortometraje de su autoría fuera expuesto en el circuito de cine independiente llamado Jonas Mekas’ Film-Makers’ Cinematheque. En el lugar conocería al artista pop por excelencia: Andy Warhol.
Entusiasmado, Shore le preguntó a Warhol si le permitía fotografiar el ambiente de la Factory, a lo que el artista reaccionó con desánimo. Sin embargo, un mes después, el joven sería contactado y tuvo la oportunidad de fotografiar un evento.
Así, Shore abandonó sus estudios formales y pasó gran parte de 1965 a 1968 en la Factory, actuando como una especie de documentalista visual que retrató con naturalidad e intimidad aquel espacio por el que pasaban las superestrellas de Warhol, sus amistades y un sinfín de personajes excéntricos: drags queens, trabajadoras sexuales, artistas musicales, etc.
Los retratos de Shore serían clave para comprender cómo funcionaba por dentro aquella maquinaria obsesionada por la producción, la vanguardia y los tabúes.
El primer proyecto: Greetings from Amarillo (1971)
Inspirado por Ed Ruscha, Stephen Shore inició Greetings from Amarillo. Tall in Texas (1971), proyecto en el que asumió el papel de fotógrafo profesional para capturar lo que él consideraba monumentos locales de la ciudad de Amarillo.
Se trata de una serie postales impresas con gran calidad donde los sujetos son los cielos despejados y edificios anónimos.
En el reverso de las postales no se incluía ninguna información sobre su ubicación; así, estos souvenirs representaban lugares sin identidad definida. El propio Shore se las regalaba a los turistas. Este ejercicio de fotografía fue un precedente clave para lo que posteriormente se convertiría en Uncommon Places.
El comienzo de Uncommon Places (1971-1972)
Stephen Shore tendría tan sólo 23 años cuando se convirtió en el primer fotógrafo en exponer en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en 1971.
Sus fotos en blanco y negro de la Gran Manzana representaban una mirada fresca y similar al estilo de Garry Winogrand.
El museo justo ese año había cambiado su política para incluir a artistas fotógrafos contemporáneos en lugar de sólo retrospectivas de los fotógrafos modernistas.
Para entonces, la red de contactos de Shore incluía Ed Ruscha y John Szarkowski como principales mentores, así mismo conservaba amistad con Dennis Oppenheim, Christo y Jean-Claude; y se vio mutuamente inspirado por la obra de Lee Friedlander y el mencionado Garry Winogrand.
Ese mismo año empezó a fotografiar en color, siguiendo los pasos de su amigo William Eggleston.
Inspirado por Walker Evans y su libro American Photographs, y asimismo, pretendiendo responder a la obra maestra The Americans de Robert Frank con una visión menos sombría y más estadounidense, Shore inició un viaje en solitario por carretera por Canadá y Estados Unidos.
Era 1972 y su extenso viaje sería financiado en principio por una beca Guggenheim, y luego, por su propia familia. Su cámara fue una Rollei 35 con película Kodak, en impresiones de 4×6.
Su estilo se caracterizó por un enfoque en lo vernáculo y en el color como una nueva forma de lenguaje fotográfico. Moteles, vallas publicitarias, calles solitarias y desayunos serían parte de los sujetos que Shore seleccionó para construir su primer gran proyecto.
¿Por qué Uncommon Places resultó tan diferente?
Con este trabajo Shore demostró una de sus más distintivas características: el énfasis en la banalidad.
Defendió el color como herramienta descriptiva y transparente y buscó instantes donde “nada ocurre”.
Su hilo temático iba en contra de aquella máxima impuesta por Cartier-Bresson y la ideología de Magnum Photos: que el valor de la fotografía estaba en capturar un momento extraordinario, excepcional. Lo que todos llaman “el instante decisivo”.
Shore prefirió en su lugar fotografiar aquello que es corriente, esas escenas que no necesitan de un disparo tan calculado en el momento preciso para ser capturadas.
Así, sus fotos resultan en un registro visual digno de instantánea, pero sin serlo, muy en sintonía con la obra de Frank y Winogrand.
En sus propias palabras:
Lo que estaba tratando de hacer era tomar fotos que parecieran no estar compuestas. Quería alejarme de las convenciones visuales de la fotografía, del peso de la tradición que informaba cómo se suponía que debías estructurar una fotografía.
Básicamente, quería tomar fotos, pero intencionalmente retorcidas.
Shore se propuso ir más lejos que Frank y Winogrand: no quería rebuscar sus sujetos, capturar la rareza de los mismos. Simplemente los registró tal cual eran siempre.
Al principio, Uncommon Places fue sumamente criticado e incomprendido. Como todo lo nuevo, los críticos fueron destructivos y reaccionarios: ¿qué tenía de interesante un corriente desayuno norteamericano? ¿o qué belleza había en aquellas sábanas sucias de un motel?
American Surfaces (1973-1999)
Uncommon Places sería continuada con una serie de espíritu similar pero formato diferente: American Surfaces.
Una de las diferencias clave está en que el primer proyecto fue realizado con cámara de mano de 35mm, mientras que para el segundo utilizó cámaras de gran formato de 4×5 y 8×10.
Shore cambió de formato por el exceso de grano en las grandes impresiones hechas a partir de los negativos de las cámaras compactas.
American Surfaces fue así, una obra posmoderna de gran ironía: estaba realizada con un esmero y paciencia excepcionales —eran necesarios alrededor de veinte minutos de exposición para cada toma—, y sin embargo, lo retratado eran escenas comunes y banales: carreteras, moteles, restaurantes y calles.
La obra sería publicada en su versión íntegra años después, en 1999.
Pese a sus diferencias clave en composición y formato, Uncommon Places y American Surfaces son consideradas como las obras maestras del fotógrafo, debido a su extensa y vigente influencia en el mundo de la actual fotografía contemporánea.
Stephen Shore: datos básicos
Stephen Shore (1947-) es célebre por su fotografía que explora elementos cotidianos del entorno urbano de Estados Unidos. No recurre a sujetos excepcionales ni a composiciones inusuales, más bien, su ojo fotográfico privilegia la aparente neutralidad de las escenas al tiempo que, en una mirada más detenida, ofrece diversas capas de lectura.
Como Andy Warhol, Shore confiaba en el arte de la banalidad y lo corriente; prefiriendo la simplicidad por sobre los encuadres complejos. Siguiendo la tradición de Walker Evans, exploró asimismo los símbolos americanos y lo que transmite de su pueblo —es decir, carreteras, plazas, gasolineras, vallas publicitarias—.
Mantuvo asimismo una gran amistad con el dúo fotográfico alemán Bernd y Hilla Becher, reconocidos por su estilo de fotografía aparentemente neutral, metódico y casi científico, alejado del romanticismo de los fotógrafos modernistas.
Shore y los Becher fueron de los incluidos en la exposición New Topographics, que exploraba precisamente este nuevo enfoque fotográfico basado en el registro visual de apariencia fría y distante.
Tanto la exposición como sus integrantes clave como los mencionados fueron al principio sumamente despreciados, pero con el tiempo se volvió una de las exposiciones fotográficas más influyentes de todos los tiempos, a la altura de The Family of Man (1955) o The New Documents (1967).
Asimismo, Shore incursionó en encargos para el mundo de la publicidad y la moda, y volvió al blanco y negro en una serie de retratos callejeros de Nueva York en formato panorámico entre 2001 y 2002.
Siempre ha buscado nuevas temáticas y formatos, pasando de la cámara de gran formato a cámaras digitales e incluso subiendo una foto diaria a su Instagram durante un periodo de diez años (2014-2024).
Sin proponérselo, fue como un proto-instagramer durante los setenta: vio arte donde nadie más lo veía, explorando las líneas , formas y, sobre todo, colores, de elementos tan banales como una valla publicitaria, una piscina o un desayuno.
Todo con el fin de registrar esa pequeña belleza que, quizá, no estamos habituados a ver porque forma parte de nuestro día a día.
Libros de Stephen Shore
También tiene una importante faceta como educador, siendo el director del departamento de fotografía del Bard College desde 1982. Un libro que usa bastante para sus estudiantes es The Photographer’s Eye (2007) de John Szarkowski.
Asimismo, él posee su propio gran libro de fotografía, imprescindible en toda biblioteca fotográfica que se precie: The Nature of Photographs: A Primer (2000) traducido al español como Lección De Fotografía: la naturaleza de las fotografías.
Es un manual de fotografía construido en un lenguaje sumamente conciso y ameno, que analiza desde fotos anónimas a grandes maestros, incluyendo a los Becher, Lee Friedlander o modernistas como August Sander.
Modern Instances: The Craft of Photography (2022) es el principal libro de Shore en la actualidad, y el más recomendado para comprender su obra.
¿Qué podemos aprender de Stephen Shore y de su contexto?
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Relevancia del posmodernismo para Stephen Shore
Stephen Shore es un artista posmoderno y como tal, su mirada es contraria a los mandatos impuestos por el modernismo de la fotografía directa.
Os recordamos que hemos hablado más del modernismo en las entradas dedicadas a los maestros del género, tales como Alfred Stieglitz, Henri Cartier-Bresson y Paul Strand.
La fotografía moderna tiene una serie de mandatos cuasi divinos: las fotos pueden ser arte y para serlo, deben ser bellas, ordenadas, calculadas al milímetro.
Los fotógrafos posmodernos lo son porque desafiaron estas máximas sobre las que construyó la fotografía moderna.
No significa que sean antimodernistas, ni que intenten crear algo de cero, no. Más bien, se trata de ampliar el arte fotográfico con una perspectiva desafiante a sus mandatos.
En el caso de Shore, su rebeldía ante los modernistas resultó en su uso del color frente al siempre dramático blanco y negro. Y la banalidad como hilo temático, en vez de la excepcionalidad y lo extraordinario. Citádonle:
El color amplía la paleta de una fotografía y añade a la imagen un nuevo nivel de información descriptiva y transparencia. Una fotografía en color es más transparente porque quien la contempla se detiene menos en la superficie. Y es que las personas estamos acostumbradas a ver el mundo en color. Posee además un nivel descriptivo adicional, porque muestra el color de la luz y los tonos de una cultura o época.
¿Hay un valor artístico en el mero registro visual? Dudas que nos ofrece el artista.
Depende de cada uno responder esa incógnita.
Shore, indirectamente, nos lanza más preguntas: ¿qué es el arte? ¿debe ser siempre “bello”?
¿Quién o qué dictamina que algo es precioso o no, digno de ser arte o no?
Habrá quien piense que la fotografía de Stephen Shore es aburrida o no tiene arte, pero eso es parte del punto: criticar esa excepcionalidad y grandeza que se le atribuye al arte en general.
A veces, hay que comprender que no todo puede ser la Mona Lisa. Y que tampoco se trata de ver arte en cualquier cosa, como si pegaras un mango a una pared e inventas un concepto a partir de ese gesto. No.
Con la mirada correcta, la banalidad puede convertirse en arte
Se trata, más bien, de abrir la mente lo suficiente como para comprender que en nuestro entorno más cercano hay pequeños elementos que, si los ordenamos bien dentro de nuestra obra, y con una intención clara, puede ser arte.
Y tal vez esa sea uno de los mayores aprendizajes que se puede tener de las fotografías de Stephen Shore: el arte de saber contemplar el momento, de estar presente, de registrar con frialdad aquello que nos rodea. Aunque suene contradictorio, hay cierto romanticismo en ese fin, pero tanto en la vida como en el arte, las contradicciones siempre están presentes.
Para ser un gran fotógrafo hay que aprender a mirar y eso implica, asimismo, aprender a observar nuestro presente, nuestro alrededor.
Es aún más retador tomar una gran foto de lo cotidiano que de sujetos en situaciones excepcionales ¿no creéis?
Legado de Stephen Shore
Stephen Shore llevó la fotografía contemporánea a otro nivel al legitimar el uso del color y documentar lo ordinario. Nos mostró que, por más banal que sea un sujeto, jugando con encuadres frontales, con una paleta cromática vibrante y un enfoque detallista, por ejemplo, es posible construir una nueva y artística perspectiva de la cotidianidad.
Por sus méritos es miembro honorario de la Royal Photographic Society y en el mismo año recibió un Premio Hasselblad. El Museo de Arte Moderno de Nueva York creó su primera gran retrospectiva en 2017. Continúa en activo, aunque con menor presencia pública.
Su legado vive en los artistas contemporáneos que exploran la realidad diaria con honestidad y creatividad, y seguirá siendo un referente indispensable para comprender la evolución de la fotografía documental y artística en el siglo XXI.
Respondo más a las fotografías de lo mundano que de lo dramático. Aprendo más de estas fotografías mundanas porque tengo que usar mi mente y mi corazón aún más.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué destaca el estilo fotográfico de Stephen Shore?
La fotografía de Stephen Shore destaca porque posee un estilo desarrollado a partir de desafiar los estándares del medio en los años setenta.
Sus composiciones sencillas e irónicas eran novedosas en una época en la que el color y el uso del flash, por ejemplo, no eran universalmente aceptados como elementos aceptables dentro de la fotografía profesional.
Esencialmente, Shore construyó un estilo a partir de la apariencia de no tenerlo, de parecer un amateur. Con este ejercicio creativo, logró cuestionar los fundamentos de la composición fotográfica moderna y, asimismo, construir el camino para la fotografía posmoderna.
¿Quiénes se han inspirado en Stephen Shore?
Thomas Struth y Andreas Gursky, miembros de la Escuela de Düsseldorf —formada por los Becher, aliados de Shore— han reconocido la influencia directa del artista sobre su obra. Aprendieron de él la forma de mirar la realidad, con un ojo frío y metódico, sin necesidad de retratar algo “excepcional”.
Asimismo, el estadounidense conservó una relación de mutua influencia con William Eggleston y Los Becher. Caso similar pasa con su contemporáneo, también apasionado del color, Joel Sternfeld.
Artistas como Alec Soth y Nan Godin también se han inspirado en su obra, y, en todo caso, el legado del artista es visible en básicamente cualquier artista visual actual que explore la realidad cotidiana y la cultura visual a través del color y la aparente sencillez formal.
¿Qué equipo usa Stephen Shore y qué países ha retratado?
El fotógrafo ha variado sus cámaras en varias etapas de su carrera, aunque conservando el mismo sello visual. En tiempos recientes, ha usado una Nikon D3x. Aparte de Estados Unidos, también ha retratado ocasionalmente zonas de Ucrania e Israel.
Fuentes
- https://www.theguardian.com/artanddesign/2020/feb/29/stephen-shore-ordinary-america-photographs-interview-plate-camera-leica
- https://www.newyorker.com/culture/the-new-yorker-interview/how-americas-most-cherished-photographer-learned-to-see
- https://spruethmagers.com/exhibitions/stephen-shore-the-velvet-years-warhols-factory-1965-67-london/
- https://www.fundacionmapfre.org/arte-y-cultura/exposiciones/historico/ano-2014/stephen-shore/
- https://www.pbs.org/wnet/americanmasters/archive/interview/stephen-shore/
- https://independent-photo.com/news/stephen-shore-uncommon-places/
- https://www.303gallery.com/artists/stephen-shore/images/landscapes
- https://good2b.es/factory-andy-warhol-stephen-shore/
- https://www.moma.org/artists/5409-stephen-shore
- https://artfacts.net/artist/stephen-shore/4322
Hablando de conocer la vida de los fotógrafos que han hecho historia…
¿Sabes que mirar sus fotografías es la mejor manera de que las tuyas tengan alguna posibilidad de hacer historia también?






























